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Los cinco huracanes más devastadores en la historia de México

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México ha enfrentado huracanes capaces de transformar en pocas horas la vida de comunidades enteras. Entre los fenómenos más devastadores destacan Otis, Wilma, Gilberto, Paulina y la combinación de Ingrid y Manuel, eventos que provocaron muertes, desplazamientos, inundaciones, daños en infraestructura y pérdidas económicas en distintas regiones del país.

La magnitud de un ciclón no depende únicamente de la velocidad de sus vientos. La cantidad de lluvia, la duración del fenómeno, los deslaves, el desbordamiento de ríos, la vulnerabilidad de las comunidades y el tiempo disponible para evacuar también pueden definir el impacto final.

1. Huracán Otis: devastación en Acapulco

El huracán Otis tocó tierra el 25 de octubre de 2023 cerca de Acapulco, Guerrero, como un ciclón de categoría 5. El fenómeno se intensificó de manera explosiva en menos de 24 horas y afectó principalmente a Acapulco y Coyuca de Benítez.

La fuerza de sus vientos provocó daños generalizados en viviendas, hoteles, comercios, hospitales, carreteras, sistemas de comunicación y servicios públicos. La rapidez de su intensificación redujo el margen de preparación para la población y complicó la respuesta de emergencia.

2. Huracán Wilma: el golpe al turismo del Caribe mexicano

Wilma impactó en octubre de 2005 a Cozumel y la Riviera Maya como un huracán de categoría 4. El sistema permaneció durante un periodo prolongado sobre la península de Yucatán, lo que agravó sus efectos en Quintana Roo.

El ciclón dañó hoteles, aeropuertos, carreteras, comercios y otras instalaciones relacionadas con la actividad turística. Por la concentración de infraestructura y servicios en la zona costera, Wilma se convirtió en uno de los huracanes con mayores consecuencias económicas para el turismo mexicano.

3. Huracán Gilberto: el llamado huracán del siglo XX

Gilberto llegó a la península de Yucatán como un huracán de categoría 5 el 14 de septiembre de 1988. Después cruzó el golfo de México y extendió sus efectos hacia Tamaulipas y Nuevo León.

El fenómeno provocó destrucción en Quintana Roo y Yucatán, afectó la navegación y los servicios urbanos, y generó inundaciones severas en Nuevo León. En total, se le atribuyen 225 muertes y decenas de miles de personas damnificadas.

4. Huracán Paulina: lluvias, deslaves e inundaciones

Paulina golpeó las costas de Oaxaca y Guerrero en octubre de 1997. Aunque sus vientos fueron destructivos, las lluvias extraordinarias fueron el principal factor de riesgo en Acapulco y otras comunidades de la región.

El agua elevó el nivel de varios ríos, provocó derrumbes en las montañas cercanas a la bahía de Acapulco y generó flujos de lodo que arrastraron rocas, árboles, vehículos y escombros. El desastre dejó más de 300 personas fallecidas, miles de viviendas dañadas y comunidades incomunicadas.

5. Ingrid y Manuel: dos ciclones al mismo tiempo

En septiembre de 2013, la tormenta tropical Manuel avanzó por el océano Pacífico mientras el huracán Ingrid afectaba el golfo de México. La coincidencia de ambos sistemas produjo un temporal prolongado que golpeó a Guerrero y a otras entidades del país.

Las lluvias desbordaron ríos y provocaron inundaciones y deslaves. El desastre dejó 157 personas fallecidas, más de un millón y medio de personas afectadas y daños en 21 entidades con declaratorias de emergencia o desastre.

La lluvia también puede ser el factor más letal

La historia de estos cinco fenómenos muestra que la categoría de un huracán no basta para medir sus consecuencias. Otis destacó por su intensificación rápida y sus vientos extremos; Wilma por el impacto en una zona turística estratégica; Gilberto por su alcance territorial; Paulina por los deslaves, y la combinación de Ingrid y Manuel por la extensión de las lluvias y las inundaciones.

Por ello, la prevención depende de contar con alertas oportunas, refugios habilitados, rutas de evacuación y vigilancia permanente de ríos, laderas y zonas costeras. En México, cada temporada de ciclones recuerda que la preparación puede reducir el riesgo ante fenómenos meteorológicos cada vez más peligrosos.